Desde hace décadas, la clase dirigente global suele converger anualmente en dos ámbitos con apetencia de ágoras griegas: el Foro Económico Mundial (conocido como el Foro de Davos) y la Conferencia de Seguridad de Múnich. El primero, un encuentro de índole económico/financiero; el segundo, concentrado en temas estratégicos militares. En ambos casos, con una enorme relevancia por las personalidades que concurren, los discursos que se pronuncian y los debates que se generan, tanto de manera pública y oficial como en los encuentros reservados.
Muchas intervenciones han funcionado en su historial como una suerte de alerta temprana, mientras que otras cumplieron el papel de una carta documento. El discurso del presidente Vladimir V. Putin en la 43ª Conferencia de Múnich sobre Política de Seguridad, en febrero de 2007, criticó la situación posterior a la Guerra Fría, caracterizada por el dominio estadounidense, el uso desenfrenado de la fuerza y el desprecio por el derecho internacional. Esta intervención, vista retrospectivamente, constituyó un punto de ruptura, pero en su momento no fue percibida como un kairos a considerar con detenimiento.
El mensaje firme y convincente del primer ministro de Canadá, Mike Carney, en enero de este año, en el Foro Económico Mundial, para advertir sobre el fin del orden basado en reglas y normas, al tiempo que hacía un llamado a las potencias intermedias a asumir la necesaria responsabilidad multilateral, tuvo inmensa repercusión mundial. Asimismo, el discurso del vicepresidente de EE.UU., J. D. Vance, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, de febrero de 2025, redefiniendo las relaciones transatlánticas y advirtiendo sobre la decadencia europea, también adquirió un impacto inusual. Discursos categóricos, aunque a veces insuficientes en estos tiempos postwestfalianos.
En todos estos casos, y otros, en el mundo actual el cronos –tiempo lineal, cuantitativo, cronológico y medible– se sigue definiendo y abordando en alegoría al combate entre los gladiadores del Leviatán de Thomas Hobbes: como una suerte de paredón westfaliano, en términos del célebre tango de Homero Manzi. Incompleto entonces porque margina la “energía social” de la que habla Bertrand Badie –“Nosotros los pueblos”, palabras iniciales de la carta de la ONU–, tanto como al advenimiento de la IA que, a decir de Henry A. Kissinger, concierne a la “supervivencia de lo humano”.
Si hay una lección histórica a seguir es aquella de que la historia no está escrita, “se hace camino al andar”. Y en el siglo XXI, el “caminante” no es solo el Estado-nación westfaliano –moderno Leviatán–; lo es también el algoritmo y la energía social, el “después” de Homero Manzi. Paradoja de estos tiempos turbulentos: cuanto más se critica y aborrece el multilateralismo, más fuerza adquieren estas dos manifestaciones que requieren del multilateralismo, entendido como un adjetivo que define al sustantivo institución.
Paradoja que se refleja en la búsqueda de alternativas institucionales con membresías reducidas y a la carta, sin legitimidad y con escasa aceptación y consenso. Paradoja en la búsqueda de superar la diplomacia multilateral, con una diplomacia de connivencia con ropaje internacional. Paradoja en la búsqueda de ordenar el mundo en forma institucional, a partir de visiones soberanistas e imperiales, vectores desechados en la construcción del andamiaje de 1945.
Paradoja de un mundo en donde se quiere volver al viejo apotegma de que la fuerza es poder, cuando el débil no siempre puede ser subyugado. Paradoja en la búsqueda de la primacía del interés nacional, desconociendo que en este mundo interdependiente los intereses nacionales difícilmente se protegen plenamente en soledad y sin tener en cuenta también los intereses globales de la humanidad. Paradoja del voluntarismo de los fuertes justificado bajo la doctrina del realismo político, postergando la convivencia civilizada basada en el cumplimiento y respeto del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas.
¿El “después” será entonces una Organización de las Naciones Unidas, renovada y legitimada por la energía social de “Nosotros los Pueblos”, por el renovado compromiso de sus 193 miembros y con el necesario aporte del instrumento tecnológico de la IA al servicio del progreso y desarrollo de la familia humana? ¿Volverá a ser la tercera semana de septiembre de cada año el foro de debates sustantivos en la Asamblea General de las Naciones Unidas, el ámbito de la “simpatía de las almas” de la que hablaba Victor Hugo? En el año de la conmemoración del nonagésimo aniversario del otorgamiento del Premio Nobel de la Paz al entonces ministro de Relaciones Exteriores Carlos Saavedra Lamas, y siguiendo su legado, es importante recordar que el liderazgo requiere de los dirigentes una conducta con firmeza moral y conducción con visión estratégica.
Embajador, miembro del Servicio Exterior de la Nación
