Sobre las declaraciones del Jefe de Gobierno de la Ciudad, Jorge Macri, el diputado del PTS en el FIT-U, Nicolás del Caño, sostuvo: «Es un discurso que va a tono con las acciones de su gobierno contra los vendedores ambulantes, que son permanentemente reprimidos y estigmatizados. Se les roba la mercadería a sectores como los recicladores urbanos y a muchos otros trabajadores populares. Ha habido familias desalojadas, y el problema de la vivienda en la Ciudad de Buenos Aires y en Argentina es enorme.»
– Este problema afecta a los sectores más humildes, a trabajadores que quizás están un poco mejor –aunque la gran parte de la clase trabajadora hoy está muy precarizada– y también a sectores de clase media. Recordemos, volviendo al gobierno de Macri, la estafa de los créditos UVA.
– El problema de la vivienda, lo que significan los alquileres carísimos y las escasisimas posibilidades de acceso para laburantes, jóvenes y clase media, es central. Vos me decís de la ley de alquileres: esa ley quería venir a solucionarlo, pero lo detonó para peor. No había oferta en la Ciudad: muy pocos alquileres, y los que había estaban dolarizados.
– El problema de fondo es que hoy en Argentina hay un déficit habitacional que abarca a cuatro millones de familias.
– Nuestro planteo siempre ha sido el control, por parte de las comunidades, los vecinos, los trabajadores y profesionales, de un plan integral de obras públicas y vivienda. Un eje fundamental, por ejemplo, es la urbanización de los barrios populares.
– Si hubiera una planificación estatal sería mucho más barato y eficaz que la situación actual, donde la gente construye como puede, en condiciones de enorme precariedad.
– Resulta una irracionalidad total que en Argentina existan dos millones de viviendas vacías mientras se sufre un déficit habitacional que afecta a cuatro millones de familias. Un déficit del cual, además, se estima que 1.3 millones de esas viviendas faltantes necesitarían ser construidas desde cero.
– En vez de motorizar un verdadero plan de obras públicas que pueda dar solución a este problema…
– Como decía, el problema es que los alquileres son cada vez más caros y acceder a una vivienda propia es muy difícil para la clase media o un trabajador. Esto, obviamente, no puede ir en desmedro de quienes están en situación de calle o en una precariedad absoluta. Plantearlo como una competencia es la típica estigmatización que hace Macri y la derecha en general, tanto en Argentina como en todo el mundo. Fíjate lo que hace Trump ahora con los inmigrantes, con esa especie de Gestapo que es el ICE, que encarcela y reprime a personas inmigrantes y a quienes las defienden.
– Pero para volver al problema local: la propuesta de bajar la inflación, bajar tasas y que los créditos sean más baratos, incluso trabajando con los bancos… ¿creés que es una opción válida sin que siempre tenga que ser el Estado la respuesta?
– Retomó un planteo que nosotros hemos hecho siempre: una banca estatal única, un sistema que concentre el ahorro nacional, evite la fuga de capitales y plantee claramente el desconocimiento de la deuda externa, que es una canaleta constante de dólares que genera la Argentina y que regenera la clase trabajadora… Si con eso se logra concentrar el ahorro y dar créditos baratos y accesibles, no solo para vivienda de las familias trabajadoras, sino también para el pequeño comercio y los productores familiares –que están sufriendo una situación muy crítica, no solo ahora, pero que se ha profundizado mucho con este esquema económico–, me parece que sería un camino importante.
– Sobre la baja de la inflación: en este gobierno, en los últimos 8 meses, la inflación viene en ascenso, a pesar de una caída enorme del consumo y de los ingresos de trabajadores y jubilados. Estamos viendo una crisis enorme en la industria, con despidos y un salario planchado. Este gobierno llegó diciendo «libertad, libertad, no vamos a intervenir», y sin embargo tiene pisadas las paritarias. Ahí sí interviene el Estado, para mantener un salario cada vez más bajo. Entonces, esa «baja de la inflación»… bueno, en el cementerio tampoco hay inflación, ¿no? Se logra con una economía cada vez más deprimida.
¿Cómo imaginás que va a ser este 2026?
– Yo creo que será un año que comenzará con una conflictividad importante por lo que significa esta reforma laboral. Es una reforma que plantea una quita de derechos a los trabajadores de una magnitud comparable, si se quiere, con lo que hizo la dictadura de Videla, que modificó el 40% de la legislación laboral en contra de los trabajadores. Acá hay un 25% de esa legislación que intenta modificarse con temas muy graves, como el régimen indemnizatorio que facilita el despido, el banco de horas, y muchas otras cuestiones.
Pero hay una que es gravísima: busca desarticular al colectivo obrero. Va en contra del derecho a huelga, de la posibilidad de organizar asambleas, de tener delegados en las empresas. Es decir, lo que ya se vive hoy en muchos lugares donde las empresas no cumplen con la legislación, esta ley lo avalaría directamente.
Creo que por esto va a haber un conflicto muy grande, a pesar de que la conducción sindical, en gran medida –si uno ve a la mayoría de los dirigentes– está en una actitud de pasividad absoluta, siendo cómplice de este ajuste. Se habla de un paro general para febrero, está en el radar, lo hemos escuchado de algunos dirigentes. Pero la mayoría está negociando la reforma, viendo si pueden modificar tal o cual artículo. Nosotros, en cambio, confiamos en la fuerza de los trabajadores. La posibilidad de un paro los días 10 o 11 de febrero, cuando se trataría la reforma en el Senado, depende de que haya voluntad en sectores de la conducción sindical.
Yo creo que la tarea que tenemos desde la izquierda, desde los sectores combativos y de los trabajadores que hoy están peleando, es exigir asamblea en cada lugar de trabajo, movilizarnos e imponer, a través de esa decisión y discusión democrática, la necesidad de un paro. Cuando uno recorre distintos lugares, ve una disconformidad importante, no solo de los trabajadores formales, sino también de los precarizados, que no tienen aguinaldo ni vacaciones, y que aspiran a tenerlos. Una reforma laboral implica que ni siquiera vas a poder aspirar a esos derechos conquistados por años de lucha. Esto no es un regalo para nadie…
Antes de concluir la entrevista, Nicolás del Caño pidió un minuto más: «Déjame mandar un saludo y reiterar mi apoyo a las trabajadoras y trabajadores de Lustramax, que hoy están reclamando contra despidos ilegales y también de sus delegados. Es un hecho gravísimo, es una empresa que no está cumpliendo la conciliación obligatoria en el parque industrial de Tortuguitas. Están llevando adelante una pelea muy importante, así que nuestro apoyo para ellos, como siempre».
