Bioceres SA: la pelea societaria sigue después de la quiebra

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Bioceres SA es el campo de disputa, el objetivo es el control de Biox. Así lo entienden los ex directores de la empresa que supo controlar todo el ecosistema de la compañía de biotecnología más emblemática del país hasta que pidió su propia quiebra. Ese proceso se abrió a principios de marzo en la Justicia comercial de Rosario y promete alimentar nuevos capítulos de la pelea entre la actual conducción de esa sociedad y el management histórico, desplazado en diciembre pasado. Estos fundadores sugieren, como parte de su movida, explorar “más arriba” de la fallida y buscar en la estructura de su grupo controlante, Moolec, los activos necesarios para resarcir a los acreedores.

Bioceres SA es la empresa rosarina de biotecnología creada en 2001 por un grupo de productores agropecuarios decididos a volcar parte de sus ingresos al financiamiento de emprendimientos científicos. Hasta junio del año pasado era la sociedad que controlaba un conglomerado de sociedades dedicadas fundamentalmente al desarrollo de insumos agropecuarios con características innovadoras, y que cotizaba en el panel tecnológico Nasdaq de Wall Street. Por varias circunstancias, entre las que se culpa al clima y a la macroeconomía, no les estaba yendo bien por aquellos meses.

Sus conductores decidieron avanzar con una “combinación” societaria para dar liquidez a los accionistas originales. Se trató de una reestructuración de la que surgieron dos grupos: Bioceres Cop Solutions (Biox), encabezada por el CEO histórico Federico Trucco y dueña del famoso evento transgénico Hb4, y Moolec, que pasó a ser liderada por el empresario uruguayo Juan Sartori. Era, en rigor, un viejo conocido del mundo Bioceres, ya que la había asistido en la salida a Wall Street en 2019 y, cuatro años más tarde hizo lo propio con la que era su spin off, Moolec. Con el cambio de control, entró como socio oficial.

Como resultado de ese movimiento, Bioceres SA, la pionera y hasta entonces controlante, pasó a ser una sociedad más del grupo Moolec, dirigido por Sartori. En julio entró en default al incumplir con el pago de algo más de u$s 5 millones correspondientes a pagarés emitidos en el mercado de valores de Rosario. Lo que sobrevino fue un tobogán que, en medio de un clima financiero complejo para todas las empresas involucradas, conversaciones fallidas con acreedores y la pérdida de valor de su principal activo, las acciones de Biox, terminó a fin de año en el pedido de su propia quiebra.

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La suerte de Bioceres SA cambió a mediados de 2025. Ahora está en quiebra.

La ruptura

Pero a esta instancia, que pasó de largo la opción de pedir a la Justicia una convocatoria de acreedores, se llegó luego de una asamblea convocada en diciembre por los nuevos accionistas de Bioceres SA, en la que se desplazó del directorio a Trucco y a otro histórico, Manuel Sobrado, en medio de una desaprobación selectiva de su gestión, lo que abría la puerta a otro tipo de proceso investigativo. Los históricos impugnaron ese proceso y pidieron una medida cautelar. Días después, el nuevo directorio pidió la quiebra, que dos meses después se declaró en los tribunales locales.

En ese verano caliente, en el que trascendieron intrigas entre ejecutivos que cruzaron de bando y actividad de importantes estudios porteños, se quebraron definitivamente las expectativas que este grupo fundador había depositado en el acercamiento inicial con Sartori. Así, tras meses de economía comunicacional, se les abrió el off the récord para denunciar una maniobra extorsiva por parte del empresario uruguayo, que tendría dos objetivos: desenganchar a Bioceres SA y sus deudas para que Moolec pudiera seguir cotizando en el Nasdaq, y tomar el control de Biox, la empresa que, aún golpeada, tiene negocios de valor. Y de la cual su grupo también tiene acciones.

Como parte de su estrategia para “plantarse” frente a esta ofensiva, desde los cuarteles de Federico Trucco, comenzaron a filtrar un relato de los hechos ocurridos desde mitad del año pasado que tienen al magnate uruguayo, dueño de clubes de fútbol en Europa y accionista de grandes empresas del agro argentino, como impulsor de una maniobra tendiente a mandar a Bioceres SA al bombo y dejar sin resarcimiento a los acreedores.

Recuerdan que el principal activo de Bioceres SA eran las acciones de Biox, que a su vez estaban como garantía de deudas acumuladas por aquella firma. El valor de estos títulos venía bajando como consecuencia de lo que consideran una serie de sucesos desafortunados, entre los cuales apuntan a la crisis de empresas de insumos agropecuarios que agitó el enero de 2025. Esa baja complicó el repago de las deudas.

La combinación

Con la intención de generar liquidez, en junio se realizó la “combinación”, el movimiento por el cual el grupo Bioceres se dividió entre Biox y Moolec y en el que Sartori entró oficialmente, tomando acciones. Con algunas excepciones, todos los accionistas minoritarios de Bioceres SA cambiaron sus tenencias por las de esta última empresa. Pero el canje tardó 45 días y en el medio se produjo el default de los pagarés. “Fue muy hostil porque no hubo voluntad de pago”, señalaron. También apuntan a una “venta acelerada de acciones de Moolec” en ese período, que “tiró al precio a un valor al que el accionista no puede vender”.

Aseguran que Sartori se hizo en aquellos tiempos de “una tenencia de acciones de Biox muy importante”, que tiene un director en esta compañía y que en diciembre “se estaba quedando con el control”. Esta estrategia, detallan, “se materializa” cuando no aprueban la gestión de Trucco y Sobrado. “Es una extorsión porque pide el control de la compañía a cambio de no ir por el proceso judicial, que es la consecuencia de no aprobar la gestión”.

Aunque no pasa por su mejor momento, Biox tiene 800 empleados, operaciones en distintos puntos del mundo, produce semillas e insumos y tiene la propiedad del evento Hb4 tolerante a sequía, tiene valor y está funcionando. En sus filas mencionan el principio de reestructuración de deuda de la productora de biológicos Rizobacter, como parte de un plan de recuperación. También retienen la estructura del Indear, cuyo edificio el Conicet le cedió en comodato.

En ese plan, salieron a “desafiar” la estrategia del jefe de Moolec, la empresa “100% beneficiaria de la decisión de mandar a la quiebra a Bioceres SA”. Entre otras cosas, porque la desconsolidación de la sociedad rosarina le permitió “anotar una ganancia de u$s 91 millones y seguir listada en Nasdaq”. Por eso sugieren “mirar para arriba” en la estructura societaria de la controlante, donde entienden que “hay activos para responder a los acreedores”.

El dedo anónimo señala dentro del entramado de sociedades de Moolec a las patentes correspondientes a las tecnologías Piggy Soy y Glaso, vinculadas a la agricultura molecular, una planta de procesamiento de soja y legumbres en Córdoba para la producción de ingredientes proteicos, biorreactores en Finlandia utilizados para ingeniería de cepas, la infraestructura industrial y agrícola para a producción y procesamiento de semillas del grupo Agrality, y la infraestructura de investigación en microbiología aplicada. Deslizan valuaciones que superan la barrera de los cien millones de dólares y destacan que la firma de su contrincante también tiene 5% de acciones de Biox y cuenta con los derechos de votos de terceros equivalentes a un 5% adicional.

El final sigue abierto y no se descarta que tenga un capítulo en la Justicia penal. Por ahora, la quiebra se tramita en el juzgado civil y comercial a cargo de Fernando Mecoli, con muchos pasivos y pocos activos para responder. El magistrado desapoderó a la empresa del control de sus bienes y ordenó investigar en detalle sus movimientos financieros.

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