Floduardo Grandoli fue asesinado en pleno centro rosarino el 6 de diciembre de 1897, cuando aún era jefe político de la ciudad. Un año antes, uno de sus proyectos más ambiciosos se había concretado: el 1° de febrero de 1896 abrió sus puertas el Banco Municipal, creado para combatir la usura y la especulación prestamista en momentos de crisis económica.
A finales de 1893, Grandoli fue designado intendente en una Rosario que no paraba de crecer y se beneficiaba del modelo agroexportador. Sin embargo, esa misma ciudad tenía a miles de trabajadores viviendo en condiciones precarias, que subsistían con lo justo o con casi nada y muchas veces acudían a prestamistas particulares que sólo profundizaban el malestar.
Los prestamistas privados, la especulación, las consecuencias del juego clandestino, la venta de artículos robados y las casas de empeño fueron problemáticas que Grandoli atacó en sus años como intendente.
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Primer edificio propio del banco, en Sarmiento 1350. Sus dos sedes anteriores habían sido alquiladas en San Martín 1176/82 y San Juan 755/63.
Archivo Fotográfico Museo de la Ciudad
«En Rosario, existen por desgracia numerosas casas encubiertas bajo la denominación de Monte-Pío (casas de empeño y préstamo privados) y que no son otra cosa que centros de usura donde no sólo se explota al necesitado que va allí aguijoneado por la necesidad de empeñar sus prendas u objetos más caros para satisfacer los apremios del hambre», aseguró al impulsar la creación de un banco municipal que logre desmantelar esa red privada y ofrezca un servicio «saludable».
También consideró que estos espacios privados eran una «guarida segura a los artículos robados, por cuanto negociantes sin escrúpulos los reciben sin beneficio de investigación, ignorando su procedencia, propiedad y demás condiciones necesarias para garantizar honestamente el empeño».
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Lo cierto es se había intentando en otras oportunidades crear bancos o casas de empeño privados fiscalizados por el municipio pero aquellos proyectos no habían logrado tener éxito. Pero esta vez, lograría concretarse. «El Monte-Pío Municipal llenará a no dudarlo su programa saludable para los que a él concurran en momento de necesidad suprema. Es un hecho comprobado que la usura hace precisamente sus víctimas en las clases más desheredadas y más acreedoras en consecuencia a la ayuda de los poderes públicos», sostuvo.
La creación del banco tuvo sus idas, vueltas, discusiones y encontronazos en lo que solía oficiar de Concejo Deliberante local. Quienes se oponían argumentaba que el municipio no tenía el dinero suficiente para respaldar aquel proyecto pero Grandoli aseguró que la plata estaba y la nueva institución podría abrir sus puertas sin problema.
Finalmente, hace 130 años, el 1 de febrero de 1896 se inauguró el Banco Municipal de Préstamos y Caja de Ahorros. Grandoli ocupaba en ese entonces el cargo de jefe político de Rosario, donde estaría hasta su muerte, tan sólo un año después.
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Depósito de objetos empeñados en el subsuelo del por entonces Banco Municipal de Préstamos y Caja de Ahorros.
Archivo Fotográfico Museo de la Ciudad
El asesinato de Grandoli
Eran las nueve de la noche del 6 de diciembre de 1897 cuando Grandoli despidió a sus amigos. Se habían reunido un rato antes en Córdoba y San Martín, en el bar Victoria, y se habían sentado afuera.
Pero a esa hora, el entonces jefe político se levantó, saludó y avisó que antes de volver a su casa pasaría por el club Social y, caminando, agarró calle San Martín en dirección a Rioja. Hizo pocos metros cuando alguien le habló y él se detuvo. Lo conocía.
Se llamaba José Echeverría, era paraguayo, 38 años, soltero y le había pedido trabajo tiempo atrás, apenas arribó a Rosario. En aquel momento, Grandoli le dio un lugar en la Comisaría de Pesquisas de la policía pero poco tiempo después Echeverría dejó su puesto. Cuando quiso volver, el jefe político le aseguró que ya no había puestos vacantes pero que intentaría ayudarlo.
Por eso, cuando el hombre le habló esa noche, en una calle San Martín desolada, sin luz y con la mayoría de los negocios ya cerrados, Grandoli frenó. Y sin que pueda siquiera imaginarlo recibió cinco disparos. Herido, caminó pocos pasos y cayó sobre la vereda del Banco de Londres.
Echeverría huyó para el lado de Córdoba pero fue detenido y desarmado por un grupo de jóvenes que se hallaban en las mesitas del bar Victoria y que, en un momento de furia, quisieron linchar al asesino. La llegada de la policía lo impidió y el paraguayo fue apresado.
A Grandoli lo levantaron entre varios hombres y lo llevaron a la farmacia del Águila, también ubicada en San Martín entre Córdoba y Rioja. Allí acudieron varios médicos para realizarle los primeros auxilios, pero rápidamente constataron que salvar la vida del jefe político iba a ser imposible: tres disparos en el tórax, uno en el abdomen y otro en el brazo.
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Botica del Águila a fines del siglo XIX. Allí recibió los primeros auxilios Grandoli tras el ataque.
«Floduardo Grandoli, el amigo querido del pueblo del Rosario, el hombre que nunca despertó odios ni rencores, el que subió hasta la cumbre en los destinos de su pueblo, en brazos del cariño de todos, el que tenía tan abierto el corazón como eran abiertas y francas las líneas de su rostro, acaba de caer, víctima del puñal de un asesino vulgar, familiarizado con la sangre y con el crimen, en medio de la consternación y del estupor profundo que causan estas desapariciones», escribió por entonces El Orden, un periódico de la época.
Es que el crimen del jefe político conmocionó a la Rosario de entonces. Los distintos diarios y periódicos dieron la noticia al otro día con cierta consternación. Por su personalidad, por el cargo que ocupaba, por su imagen gentil, su asesinato causó incomprensión y estupor. Y para colmo, el motivo de tal ataque nunca quedó claro.
Al otro día de su muerte, los ciudadanos se despidieron del desde los balcones, las ventanas y las azoteas, los rosarinos despidieron al coche fúnebre cuando pasó por calle Córdoba y después tomó bulevar Santafesino (hoy Oroño). En el cementerio El Salvador, muchos otros esperaban la llegada de los restos de Grandoli. En total, 25 mil personas estuvieron presentes en el sepelio.
El Banco
Banco Municipal de Préstamos y Caja de Ahorros que abrió sus puertas hace 130 años, el 1 de febrero de 1896, y estaba ubicado en San Juan 755/63. La casa fue alquilada a Juan Cafferata en un área de gran desarrollo comercial.
Para el historiador de Rosario Juan Álvarez, la creación del Banco Municipal constituyó un «certero golpe de muerte a los usureros que lucraban escandalosamente con el contrato de prenda».
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Muebles, radios y máquinas de coser en el depósito de empeño del banco.
Archivo Fotográfico Museo de la Ciudad
Fue el intendente Alberto J. Paz, que había asumido el poder local el 19 de febrero de 1895 después de Grandoli, quien designó al primer directorio y presidió la apertura de la entidad.
Ese primer día se abrieron cuatro cajas de ahorro y se otorgaron cinco préstamos prendarios. Lo cierto es que los primeros años fueron de gran impulso y en 1912 la entidad ya recibía depósitos en caja de ahorro, cuentas corrientes y plazos fijos.
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Depósito de empeño, en la sede de calle Sarmiento.
Archivo Fotográfico Museo de la Ciudad
En 1899 el banco se trasladó a otra casa arrendada, esta vez a Héctor Castagnino, en San Martín 1176/82. En 1903 se decidió la compra un terreno céntrico y en 1905 se escritura la de Sarmiento 1350 para la construcción del primer edificio propio del banco. Allí se trasladó el 31 de marzo de 1909. El edificio fue ampliado y remodelado en 1918, 1928 y 1943, y más tarde, en 1981, funcionará ahí mismo el Comando del II Cuerpo de Ejército. Hoy está desocupado.
El 14 de mayo de 1940, por ordenanza nº 31, el intendente Alberto Baraldi dispuso su cambio de denominación pasó a llamarse de manera definitiva Banco Municipal de Rosario.
