La inteligencia artificial ya dejó de ser una promesa futura para convertirse en una realidad cotidiana en las aulas argentinas. Chicos y adolescentes que usan ChatGPT para hacer tareas, docentes que experimentan con correcciones automatizadas y escuelas que empiezan a apoyarse en datos para anticipar el abandono escolar forman parte de un escenario en rápida transformación. En ese contexto, un nuevo informe advierte que la IA puede ser una aliada poderosa para mejorar la educación, pero también un riesgo si se la incorpora sin reglas claras ni una mirada pedagógica sólida.
La inteligencia artificial ya está en la escuela
Un informe reciente de Argentinos por la Educación, elaborado junto a investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT), analiza el impacto del uso creciente de la inteligencia artificial en el sistema educativo argentino. El trabajo, titulado Inteligencia artificial en la educación: desafíos y perspectivas, pone el foco tanto en las oportunidades como en las tensiones que genera esta tecnología en el aprendizaje, la tarea docente y la gestión escolar.
Los datos muestran que el fenómeno ya está instalado entre chicos y adolescentes. Según relevamientos de UNICEF y UNESCO, el 76% de los niños y adolescentes de entre 9 y 17 años conoce qué es la IA generativa y el 58% ya utilizó herramientas como ChatGPT. En dos de cada tres casos (66%), el uso está directamente vinculado con tareas escolares.
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Tutorías personalizadas y aprendizaje a medida
Entre los principales beneficios, el informe destaca el potencial de la IA para ofrecer tutorías inteligentes capaces de responder consultas, adaptar explicaciones y brindar retroalimentación inmediata según el ritmo y el nivel de cada estudiante. También resalta los sistemas de aprendizaje adaptativo, que ajustan contenidos, evaluaciones y secuencias didácticas a partir del desempeño individual.
A esto se suman los chatbots educativos, las herramientas de evaluación automatizada y las tecnologías de asistencia (como el reconocimiento de voz o la traducción automática) que pueden favorecer la inclusión de estudiantes con discapacidades o barreras idiomáticas.
Un cambio profundo en la tarea docente
El impacto no se limita al aula. Según el informe, la inteligencia artificial puede aliviar parte de la carga laboral docente mediante la generación automatizada de actividades, la corrección de grandes volúmenes de trabajos y la elaboración de reportes que permiten detectar errores recurrentes y diseñar intervenciones más precisas.
“Estas herramientas pueden ayudar a atender mejor la diversidad dentro del aula, siempre que se usen como apoyo y no como reemplazo”, advierte Agustina Brizio, coordinadora de innovación y tecnologías digitales de Asuntos del Sur.
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Datos, gestión y alertas tempranas
Otro eje central del informe es el uso de la IA en la administración del sistema educativo. Plataformas analíticas permiten procesar información sobre matrícula, asistencia y recursos para mejorar la planificación institucional. Además, los sistemas de alerta temprana, basados en algoritmos de aprendizaje automático, pueden identificar patrones de ausentismo, bajo rendimiento o riesgo de abandono escolar, habilitando intervenciones a tiempo.
Para los autores, este enfoque también puede fortalecer la gobernanza educativa, al mejorar la calidad de los datos y facilitar el diseño de políticas públicas basadas en evidencia.
Los riesgos: aprendizaje superficial y menos pensamiento crítico
El avance de la IA no está exento de alertas. El informe enumera riesgos pedagógicos y éticos como el aprendizaje superficial, la disminución del pensamiento crítico, la deshonestidad académica, el aislamiento social y los sesgos algorítmicos.
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“El principal riesgo de la IA para el aprendizaje es epistémico: a la vez que acelera la adquisición de conocimiento, puede distorsionar la comprensión”, señala Alejandro Artopoulos, director del Centro de Innovación Pedagógica de la Universidad de San Andrés. En la misma línea, advierte que no existen “atajos cognitivos” y que la alfabetización en IA debe comenzar por los docentes.
Alfabetizar en IA, el gran desafío
Desde el MIT, Andrés Salazar-Gómez subraya que la familiaridad de las nuevas generaciones con la tecnología no garantiza un uso crítico y responsable. “Sin alfabetización en inteligencia artificial, será la IA y quienes sí entienden cómo funciona la que nos controle”, afirma.
Otros especialistas coinciden en que prohibir la IA no es una opción viable. “La IA ya está en el aula, nos guste o no. El desafío es diseñar reglas claras, supervisión humana y alfabetismo en IA para que la personalización no se convierta en desigualdad”, sostiene Santiago Siri, de Democracy Earth Foundation.
En esa línea, el informe concluye que la incorporación de inteligencia artificial en la educación no es solo una decisión tecnológica, sino una decisión política. Requiere marcos normativos, formación docente, criterios pedagógicos y resguardos éticos que permitan aprovechar su potencial sin erosionar los procesos centrales del aprendizaje.
