La Argentina tiene crisis recurrentes e incluso estacionales. En verano, con el calor, los incendios en la Patagonia son algo que se repite año tras año, amplifificados por la desidia de los funcionarios y las intrigas políticas detrás del fuego. Este 5 de enero el desastre empezó en Puerto Patriada, Chubut, y ya se devoró 12 mil hectáreas de bosques y matorral sin que los 600 agentes desplegados en la zona pudieran hasta ahora extinguirlo. Las primeras pericias detectaron la presencia de gases combustibles en el lugar y no descartan que existieran dos focos simultáneos. El fiscal Carlos Díaz Mayer aclaró que la motivación inmobiliaria se considera poco probable, pero enseguida la política metió la cola con sus hipótesis para todos los gustos.
Desde la oposición se enarboló la irresponsable teoría de ciudadanos israelíes como promotores del fuego, mientras desde que el Gobierno apuntaron sin ninguna prueba contra la comunidad mapuche. El gobernador de Chubut, Ignacio Torres, tomó distancia de ambas líneas argumentales y habló de “ecocidio”. Dentro del seno de La Libertad Avanza, Javier Milei y su vice Victoria Villarruel aprovecharon la crisis para seguir pegándose. Ella viajó a la zona para dejar desairado al Presidente, que estuvo ausente desde un comienzo. En la Casa Rosada afirman que pidió el helicóptero presidencial para viajar y que se lo negaron, algo que Villarruel desmiente.
Lo mejor que se lo ocurrió hacer a Milei, en cambio, fue subir a sus redes una imagen suya con un brigadista en medio de las llamas, pero enseguida, por la agenda del Presidente, se supo que aquel poster de heroísmo había sido creado con Inteligencia Artificial. Nunca estuvo en el lugar.
El fuego en el Sur no para. Las gaffes de nuestros dirigentes tampoco.
